SANT JOAN

Dentro de un mes tendremos aquí el verano y, si todo va bien, parece que estaremos bastante más aligerados de la pandemia, aunque esto hay que decirlo con toda precaución porque expertos e ignorantes sabemos que las coses pueden cambiar.

Y hay que tener presente que mientras la solución no alcance a todo el planeta, a todos sus habitantes, o por lo menos a la gran mayoría, de ninguna manera el mal está vencido. El virus no conoce fronteras, y tampoco deberían tenerlas en cuenta quienes tienen en sus manos que los remedios, vacunas, tratamientos, sean universales.

Y sí, llega el verano, y con la mejora de la situación se reanudarán las actividades y lo que llamamos vida normal.

Y esas actividades incluyen la que detesto; no yo sola, y tiene lugar en el solsticio de verano, la noche de San Juan. Hay tantas maneras de celebrarla y lugares donde hacerlo. Pero a mi juicio todo lo pervierten los petardos. Nada tendría que decir si se usaran de manera cívica, pensando que sí hay quienes disfrutan con la práctica cafre, son muchos quienes la sufren, niños pequeños, bebés, enfermos, mayores, animales, hospitalizados y podríamos seguir.

Y, además, no es solamente la noche de Sant Joan, suelen empezar bastantes días antes. Todavía recuerdo el año pasado, el día 22 de junio oí desde mi casa lo que podría calificar como un cañonazo. Los cristales de las ventanas temblaron, cayeron objetos de estanterías.

Se aduce que es difícil de controlar.  Pero yendo al refrán “quien evita la ocasión, evita el peligro”, ese peligro se podría evitar sencillamente regulando la potencia de los petardos que se venden al público. No es normal que un particular pueda comprarlos con esa carga tan potente de dinamita o del explosivo que lleve. Creo que eso es perfectamente controlable.

MÉDICOS SIN FRONTERAS EN GUINEA-BISSAU

Encuentro virtual Roser Mauri, 13 de mayo de 2021

Un encuentro entrañable, con unos 15 participantes. Tras la presentación, Roser nos explica su experiencia compartida con sus compañeros.

Roser muestra una serie de fotografías, realizadas por el compañero que, además de sanitario, es un excelente fotógrafo. Siento no recordar el nombre. Muestran la expresión de alegría y los juegos de los niños y cómo se relacionan con el personal. Las madres, muy atentas a sus hijos. También vemos caminos dificultosos, paisajes, los lugares donde se atiende y/o se hospitaliza a los pacientes y el lugar de “residencia”,

Roser nos dice que la esperanza de vida es de 47 años, la mortalidad infantil, muy elevada, se ha reducido en los últimos años y ahora es 79 por cada 1000. La edad más problemática es hasta los 5 años. A los recién nacidos no se les pone nombre hasta más adelante. La frecuencia de gemelos es elevada. También es elevada la mortalidad materna.  Las principales causas son malaria, mordeduras de serpiente, ríos contaminados, desnutrición. No hay agua corriente.

 El 50% de la población es musulmana, el 40% animista y el 10% cristiano. La convivencia es buena entre todos. La gente es muy cordial y agradecida.

Mi preocupación personal es el aumento demográfico mundial incompatible con la sostenibilidad, por la destrucción de bosques, ríos, contaminación y otros muchos factores. Roser me hace ver que, si la natalidad es elevada, no lo es la supervivencia y además hay que considerar la esperanza tan corta de vida.

En las fotos los niños no se ven esqueléticos, pero nos aclara que la alimentación básica es el arroz. Así, aunque sacien el hambre, hay carencia de nutrientes básicos, vitaminas, proteínas, calorías y lo necesario para garantizar una nutrición adecuada.

Nos ofrece explicación detallada de la formación y protocolos que tiene que seguir y superar el personal de MSF. Todo muy estricto para garantizar la seguridad, los procedimientos adecuados y la gestión general de las actividades. Guinea-Bissau fue su primer destino. Hubo épocas muy satisfactorias, pero también dramas que vividos en primera persona afectaban de manera traumática. Ver morir niños pequeños que has estado atendiendo es algo tremendo y eso sucede especialmente en época de lluvias, cuando la malaria hace estragos. El país está sometido a 6 meses de lluvia. Durante su estancia formó a personal autóctono, con paciencia extrema. Al volver, después de una ausencia reglamentaria, pudo comprobar la pericia con que efectuaban su trabajo. Y la alegría cuando niños y madres la recibieron.

 Roser informa de la actividad de gestión que también es necesaria pues de ella depende la recepción de material y medicamentos en los momentos precisos.

La medicina es pública y privada. Nos dice que los niños menores de 5 años la tienen gratis. Hay medicinas o atenciones con precio simbólico, otros resultan más caros. Otra situación alentadora es el cambio en el Hospital Nacional Simão Mendes, que tiempo atrás no destacaba por su eficacia y actualmente actúa como centro de referencia. MSF por supuesto colabora.

Ahora Roser está en Alicante, pero con unas ganas tremendas de regresar. Roser, esto es un breve resumen de todo lo que dijiste. Gracias por compartirlo con nosotros. Es lo mejor que te podemos decir y a todos los compañeros, hombres y mujeres de Médicos sin Fronteras, GRACIAS.

He querido añadir algo más de información sobre Guinea-Bissau. Indico la procedencia.

De Wikipedia

Guinea-Bissau, ​en el oeste de África, limita al norte con Senegal, Guinea al sur y al este, y con el océano Atlántico al oeste. Su población en 2019 se estima en 1.921.000. Desde el siglo XIX fue colonia portuguesa; se independizó en 1973

Ocupa una superficie de 36.125 km². Atraviesan el país numerosos ríos. En su litoral se distribuyen una serie de archipiélagos. Su economía se basa en la agricultura y la pesca, pero se vio muy afectada por la guerra civil de 1998–1999. Se encuentra bajo un programa de ajuste estructural del FMI.  Fuente de ingreso muy importante es la producción de nueces de cajú o anacardo (Anacardium occidentale), de las que exporta 90.000 toneladas anuales. En enero de 2005 una plaga de langosta amenazó la producción y el gobierno dijo que no había fondos para poder combatir la plaga.

Guinea-Bissau sostiene una economía de supervivencia basada en la agricultura y la ganadería. Con unas 350.000 ha cultivadas, se destina básicamente al consumo local: arroz, nuez de palma, coco, maíz y sorgo. La producción de cacahuetes se destina a la exportación. La ganadería porcina y ovina está bien desarrollada.

El 30% del territorio es boscosa, lo que permite la explotación de madera y caucho. La actividad industrial relevante es el tratamiento de los productos agrícolas, producción de cerveza, y petróleo en la zona de explotación conjunta con Senegal. Tiene grandes reservas sin explorar de bauxita y fósforo que comenzaron a ser exploradas en 2010. La emisión de sellos postales, destinada al coleccionismo, es también una importante fuente de ingreso para su economía.

Web de MSF

Durante décadas, Guinea-Bissau se ha visto afectada por la inestabilidad política, perjudicando el desarrollo del país y provocando la deficiencia de los servicios públicos. La atención médica está muy limitada por escasez de recursos y de personal cualificado.

En 2019, las actividades de Médicos Sin Fronteras siguieron centradas en la atención pediátrica. Las principales enfermedades que afectan a los niños son las infecciones respiratorias, malaria, diarrea y meningitis; en los recién nacidos, las causas principales de muerte son la asfixia y la septicemia.

Nuestros equipos dirigen las urgencias y las ucis pediátricas y neonatal en el único centro de atención terciaria del país, el Hospital Nacional Simão Mendes de Bissau, la capital. En las urgencias pediátricas, implantamos un sistema de priorización que garantiza una atención más rápida y eficaz, y trabajamos en colaboración con el Ministerio de Salud para asegurar que se implementan los protocolos y procedimientos correctos para reducir la mortalidad infantil. También brindamos apoyo al personal del Ministerio con capacitación y el desarrollo de habilidades de gestión.

En atención neonatal, se necesitan muchos recursos, pero en este hospital   demostramos que se puede ir más allá de lo básico, incorporando nuevos protocolos y tecnologías que generalmente no se aplican en los países en desarrollo. Para abordar las necesidades de pacientes con condiciones más complejas y críticas, incorporamos nuevas herramientas y tecnologías para bebés con problemas respiratorios, incubadoras, pruebas PCR (proteína C reactiva) para el diagnóstico de la septicemia y protocolos específicos de control y prevención de infecciones.

Este artículo ofrece una visión general de nuestro trabajo en este país entre enero y diciembre de 2019; es un resumen no exhaustivo. En 2019, contábamos con 247 profesionales, nacionales e internacionales, y gastamos 4 millones de euros en nuestras actividades médico-humanitarias. Empezamos en este país en 1998.En 2019, MSF España era la única sección de MSF con actividades en el país. Si quieres conocer más en profundidad consulta nuestro ‘Informe de Misiones’.