REENCARNACIÓN. Un paso adelante.

A sus pies, el abismo, rocas escarpadas es lo que podía contemplar, un fondo lejano, un río caudaloso, que serpenteaba encogido entre muros naturales, arrollando cuanto encontraba a su paso, pero desde la altura parecía apacible. No caería sobre él, eso es lo que la entristecía, hubiera querido ser recogida por aquellas aguas y transportada hacia un lugar distante, sería menos doloroso y más esperanzador. Qué cosas de pensar en aquel momento.

                Y otra vez, como tantas, aquellas evocaciones que sabía que no eran fantasías. Que a pinceladas se le hacían presente desde que tuvo uso de razón. Otro lugar, otras gentes, otros padres, amores…libertad, capacidad de decidir, desilusiones, enfermedad, alegrías.

Se sentó; a pesar de su decisión, quería rememorar cosas de su existencia de ahora no de aquella que se le presentaba sin saber cómo y se abría paso en su cerebro. Fue feliz alguna vez, se preguntaba. Sí, de niña, quizá, guardaba recuerdos amables que es lo que hacía soportable su vivir, desde hacía muchos años. Pero cómo decir muchos años si solamente tenía 21.

                Todo cambió cuando a los 16, con la ilusión de que le gustaría estudiar, ser médico, era lo que deseaba pero que nadie en su familia alentaba. Ni ricos ni pobres, no les faltaba lo esencial, la tienda de comestibles que, ayudado por sus hermanos mayores regentaba su padre, les permitía una vida sin lujos, pero con las necesidades cubiertas. Si las cosas iban bien sus dos hermanos menores podrían estudiar, decía el padre, y mientras lo decía, la miraba a ella. Y añadía, tenemos que encontrarte un buen marido. Lo venía diciendo desde que cumpliera los 15 años. Y había oído la conversación entre sus padres.

  • Conviene alguien que no nos pida dote, al contrario, que sea él quien esté agradecido por darle a la chica.
  • Pero eso solamente podrá ser si es un hombre mucho mayor.
  • Bueno, para él será un regalo que agradecerá y generosamente. Y además cuando se muera le dejará bienes y eso también nos conviene.
  • De eso no te hagas ilusiones, esos hombres tienen otras esposas, otros hijos y serán muchos a repartir.
  • Parece que me quieres llevar la contraria en todo. Esto lo voy a decidir yo y tienes que estar de acuerdo conmigo.
  • Ya sabes que será así.
  • Como tiene que ser.

 Samira no se dio cuenta a tiempo. Y qué hubiera podido hacer en todo caso. Sabía que hubo una época en que las mujeres estudiaban, iban a la universidad, tenían carreras, incluso iban al extranjero a seguir aprendiendo y volvían contentas a su país. Lo había oído, pero no lo había visto. Era mediodía y durante la comida el padre se dirigió a ella.

  • Esta tarde no salgas a ninguna parte. Vamos a tener visita.
  • ¿Quién viene?
  • Ya lo verás, un hombre muy importante que quiere conocerte. Bueno ya te conoce, pero tenemos una cosa que tratar entre vosotros dos.

Y vino y la miró de arriba abajo. Le preguntó alguna cosa, le cogió una mano, y le acarició la cara.  Samira no sabía qué hacer, solo intuía el comienzo de algo que no deseaba, junto al final de sus ilusiones. No podía mirarlo directamente, pero lo había visto en otras ocasiones en la tienda de su padre.

Vio el rostro de Enrique cuando la besó y la fue desnudando en aquel primer viaje que hicieron juntos. Ella agarró su pene erecto y se lo introdujo en la vagina, rodaron en la cama recorriendo cada centímetro de sus cuerpos con ansía hasta acabar exhaustos.

Acudió a ella aquella imagen y también sensaciones vividas, mientras miraba sin ver al hombre mayor que le acariciaba la cara. Hubo boda, su padre consiguió un coche nuevo y sus hermanos pequeños podrían estudiar, también hubo mejoras en la tienda.

Con la convivencia, vinieron las reprimendas y algunas palizas. Solamente había otra esposa y dos hijos varones. Primero fue el enfado porque no se quedaba embarazada y la acusación de que estaba haciendo algo para evitarlo, o peor, que no servía.

El miedo fue más fuerte que la tristeza, un miedo paralizante que le impedía responder a las preguntas del hombre, haciéndola tartamudear, lo que todavía provocaba mayor enfado.

  • Pues vaya negocio que hice con tu familia, me satisfaces a la fuerza y no me das un hijo ¿para qué sirves inútil?
  • Podríamos ir al médico, a ver si hay algún problema.
  • Qué médico ni que narices, tú a hacer lo que te toca, cuando yo lo digo.

Y a continuación los manotazos.

No hallaba consuelo, ni en su madre, ni en las pocas amigas a las que, por suerte, aunque pocas veces veía o con las que hablaba por teléfono.

Y vino un hijo, y un segundo. El desconsuelo durante los embarazos fue pensar que podía traer niñas al mundo. No lo quería ni en sueños, se apretaba el vientre diciendo hijo, hijo.

Todo se hizo algo más soportable a partir de su maternidad. Pero ya la oscuridad se había hecho presente en su vida y a medida que los niños fueron creciendo, empezó a albergar la idea de la única posible huida. Era muy joven y seguirían otros embarazos y alguno sería de niñas. Y no quería para ellas ni por asomo lo que aquella sociedad les deparaba. Sabía por lo que había estudiado, por lo que veía en los turistas que visitaban el país que había otra forma de vida para las mujeres, cerraba los ojos y se imaginaba ser una de ellas. Fantasías que daban lugar otra vez a aquellos relámpagos, y la voz, la que de vez en cuando los acompañaba y que le decía “no mires atrás, aquello pasó, ahora tienes esto, darás un paso adelante”.

Despliega más los planos, para que se vea bien por donde empezamos. Yo creo que aquí es donde debería levantarse medio muro. Se lo decía Andrés, que siempre quería ir por delante, ella sonreía sabiendo que al final, sin reconocerlo, se daría cuenta de su error. Pero hacía su trabajo, firme y con conocimiento, claro que también perdía la paciencia alguna que otra vez.  

Su situación se había aligerado con la llegada de sus hijos, salía, llevaba a los niños de un lado a otro. Así conoció a Salma, una mujer algo mayor que ella, que le inspiró confianza y con quien se explayó. Salma era una activista, había sufrido amenazas, juicios, pero seguía en su lucha reivindicativa de la función de las mujeres en su sociedad. Intentó convencerla, sin obligarla, de que debía participar en su propia emancipación interior. Reconocer lo injusto de la situación de ella y de muchas otras.

Otra vez la evocación de la vida anterior, tan diferente. Cuántas veces había oído y sabido de la situación de tantas mujeres viviendo lo que a ella misma le había tocado ahora. Y la lucha de tantas activistas que se dejaban la piel y en ocasiones la vida para cambiar las cosas. Y recordaba cómo la entristecía todo aquello y también cómo quedaba relegado ante otras noticias y ante la rutina de la vida diaria. Y le venía a la mente quejas por cosas que ahora le parecían nimiedades. Eran ramalazos, estallidos irregulares de su mente. No eran sueños, ni deseos, aquello había sido real alguna vez.

La situación llegó al límite cuando en casa su marido, avisado por alguien, supo de esa amistad. Días y días encerrada, apenas viendo a sus hijos y sufriendo el desprecio y la vejación marital.

  • Te vas a quedar embarazada unas cuantas veces, así tendrás de qué ocuparte.

El terror la atenazó, más embarazos, habría niñas. Y llegó la decisión a medida que su vientre se abombaba.

Y la voz, ¿estás decidida?, sí. ¿No piensas en tus hijos? Pienso en ellos, pero son varones, no me necesitarán y cuando se hagan mayores serán como su padre sin que yo pueda hacer nada.

Has conocido dos formas de vida, y eres de las pocas personas a las que les es dado tener noción de ello. Tuviste una existencia larga, acomodada, fuiste querida y amaste, no te faltó de nada. Sí, tener hijos y lo lamentaste, pero eras útil y buena en tu trabajo y con los tuyos. Lo que no conociste entonces, lo has conocido ahora, maternidad, sometimiento, tradición aberrante.

Se puso de pie, miró hacia el cielo y después bajó la vista. Otro ramalazo, una película que la impresionó donde dos mujeres perseguidas por una situación que no han buscado deciden libremente lanzarse al vacío.

                Adelantó el cuerpo y saltó, y mientras volaba hacia el abismo, la acompañó la voz proclamando, “la próxima será mejor, de verdad”.