MATANDO LA VIDA

Han matado un hombre han roto un paisaje, así se titulaba la novela de Paco Candel publicado allá por 1977. Ahora han sido una mujer y dos hombres, cooperantes de Médicos sin Fronteras en Etiopía. María Hernández, española de 35 años, Yohannes Halefom y Tedros Gebremarian, de 31 años, etíopes, asistente y conductor respectivamente. 

Qué decir de estos jóvenes que entregan buena parte de su vida a estas acciones humanitarias, en vez de mártires, prefiero decir que son personas generosas. Hoy muchas palabras pierden sentido a fuerza de utilizarlas sin pensar en su significado. Pero dar años de tu vida, de tu vida joven, es un acto de generosidad extrema. Y eso es lo que han hecho estas personas y lo que continúan haciendo tantas otras a pesar del peligro.

¿Y por qué ayudar a vivir, curando y combatiendo enfermedades, alimentando, enseñando, tiene que ser una actividad de riesgo?

Quienes han cometido esa y tantas otras agresiones lo hagan por convicción o, mandados, fanatizados quizá nunca han pensado que con esas acciones están minando sus propias vidas y las de los suyos. Esas personas que han muerto les asistirían si estuvieran enfermos o heridos, igual que a sus familiares.

Por qué los que disparan y matan no se preguntan ¿quién ha puesto las armas en sus manos?, ¿quién ha ordenado las masacres, provocado las huidas, el dolor, las violaciones, el miedo? ¿Por qué luchan, por qué matan? Pero los culpables reales se sirven del control de quienes convierten en títeres, prometiéndoles cosas que nunca tendrán, riqueza, tierras, fama, poder, vida después de la muerte rodeados de bellas huríes, la bendición de sus dioses, dependiendo de la religión que ostenten. El fanatismo se nutre y los mandatarios lo saben de la ignorancia, de la falta de criterio y de razonamiento. Y así, las guerras, los enfrentamientos provocan muerte, pobreza para los más y riqueza y poder para quienes los dirigen. Se podrían evitar bastantes de ellas, pero hay demasiados intereses y por eso la culpa alcanza a tantos, gobiernos incluidos.

Me viene a la memoria la canción Gorizia tu sei maledetta, compuesta en ocasión de la I Guerra mundial dedicada a aquella batalla siniestra.

O Gorizia tu sei maledetta
per ogni cuore che sente coscienza
dolorosa ci fu la partenza
e il ritorno per molti non fu

Traditori signori ufficiali
Che la guerra l’avete voluta
Scannatori di carne venduta
E rovina della gioventù»

O vigliacchi che voi ve ne state
con le mogli sui letti di lana
schernitori di noi carne umana
questa guerra ci insegna a punir

Voi chiamate il campo d’onore
questa terra di là dei confini
Qui si muore gridando assassini
maledetti sarete un dì

Mientras, el dolor se esparce como el viento, y unas cuantas personas, cada vez más, lo dejan todo para aminorarlo, como María, como Yohannes y como Tedros. Todos con una vida por delante. María en este Occidente, bienestante, donde posiblemente hubiera tenido una vida cómoda, cumpliendo sus expectativas como persona y profesional.  Pero alimentó otra idea, que le costó esfuerzo llevar a cabo; no es fácil trabajar en Médicos sin Fronteras, se exige una formación médica rigurosa, además de aptitudes y actitudes para el trabajo de campo en lugares donde la vida es de todo menos fácil, hambruna, malaria y muchas otras enfermedades, mortalidad infantil. Nadie se acostumbra a ver morir a un niño al que has estado cuidando durante días.

Según información del Periódico el conflicto en la región empezó en noviembre de 2020 y, además de las muertes, ha habido cerca de dos millones de desplazados, algunos a Sudán, otro país que ha estado regularmente sometido a golpes y guerras civiles, con lo que ello implica.

Que nadie diga que se lucha por la libertad, y que eso exige sacrificios. Como dice Javier Reverte al final la lucha por la liberación puede no ser otra cosa para la mayoría de políticos que una lucha por el poder.

La violencia contra la población civil en Tigray, la zona donde se ha producido la matanza ha sido y es atroz, denunciándose por parte de Naciones Unidas acoso, intimidación y detención de cooperantes, y también confiscación de la ayuda que reciben.

Como dice el comunicado de MSF “nada de lo que escribamos servirá para transmitir toda nuestra tristeza e indignación”.

Pero sé, sabemos, que vais a seguir, con esperanza y valentía y generosidad, sin ellas sería imposible. Y cada uno de vosotros con la certeza de vuestra elección libremente decidida y por ello más valiosa. Vais a seguir ayudando haciendo lo que más os importa. GRACIAS. Confiemos en que algún día la decencia se impondrá a la indecencia y a la maldad, la personal y la organizada.