LUZ QUE NO SE APAGA

Mari Luz, amiga querida, compañera, a veces los nombres responden a lo que son las personas, y el tuyo es así. Has sido luz y brillante, con tu generosidad en todos los sentidos, estando al pie del cañón siempre que se te necesitaba. Gracias por tantas cosas, por ser combativa cuando era necesario y siempre afectuosa y educada. Por derrochar simpatía. Con más personas como tú Mari Luz la sociedad sería mejor. Por eso no queremos que tu luz se apague nunca.

Cuesta creer que te hayas ido; tenemos mensajes del día antes de ese maldito ictus y de días anteriores, personales y en el grupo Caldes pels Animals. Todos y cada uno de la Asociación hemos vivido días con el corazón en un puño, manteniendo el hilo de la esperanza que se rompió.  Nos haces falta, pero te tendremos en nuestros corazones, como te tendrán tantos gatos y otros animales a los que has ayudado desde tu sensibilidad y alegría.

Te recordamos en la foto de la boda de María, tu hija, guapa y elegante. Y es que lo eras, por dentro y por fuera. Y antes de que la pandemia nos confinara con tan dramáticas consecuencias, tuvimos aquella cena en el restaurante mexicano con Isabel. Qué bonita fiesta, que disfrutamos a tope. Y cómo nos reímos aquella noche.
Amargas pérdidas en poco tiempo, la tuya y la de Oriol, hermano de nuestra amiga y compañera Marta. Oriol, joven dinámico y afectuoso, lleno de vida que se le ha fugado en un instante. Muchas veces ante incertezas, enfermedades, contratiempos, se dice “que sea lo que Dios quiera, pero ¿cómo puede querer esto Dios”? Pensemos en el destino, a veces generoso a veces cruel, como en estos casos tan cercanos y en otros muchos. Muchos hemos perdido en poco tiempo personas muy queridas. Y ahora vosotros, Oriol en la plenitud de la vida y Mari Luz joven en la madurez.


A vuestras familias el lamento de todos nosotros, y la amistad y el cariño que ayude a restañar heridas. 

A la Fira d’entitats, Caldes d’Estrac Sant Jordi 2018

Y, valgan las palabras con que acababa su poema Miguel Hernández, para tantos que hemos sufrido esas pérdidas.

A las aladas almas de las rosas,

del almendro de nata requiero.

Que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañeros del alma, compañeros.