LOS ADIÓS DE LA VIDA

Fue el 2 de septiembre, y me enteré cuatro días después; murió Mikis Theodorakis. Hace muchos años que tengo, primero fueron sus discos de vinilo, cintas y después CD’s. No puedo hacer otra cosa que agradecer ese legado sonoro que nos deja. Qué esplendor en toda su obra, qué fuerza dirigiendo la orquesta. Tuve ocasión hace muchos años de ver en Barcelona la representación que hizo del Canto General de Neruda. Sublime. Me pongo sus CD’s de vez en cuando y sigo vibrando con la pieza Los Libertadores y sus versos finales,

…Levanta esta tierra en tus manos,
participa de este esplendor,
toma tu pan y tu manzana,
tu corazón y tu caballo
y monta guardia en la frontera,
en el límite de sus hojas.
Defiende el fin de sus corolas,
comparte las noches hostiles,
vigila el ciclo de la aurora,
respira la altura estrellada,
sosteniendo el árbol, el árbol
que crece en medio de la tierra.

Maria Farantouri, Melina Mercouri, Giorgos Hidirakis entre muchos otros intérpretes han desgranado sus numerosas canciones y piezas musicales. Fue la suya una vida de activista político de izquierdas, y una prolífica carrera musical amplia en estilo; baladas, piezas instrumentales, dirección de orquestas en todo el mundo, bandas sonoras de películas y más y más incluida su faceta de interprete.

Me gusta lo griego y tengo previsto un viaje Creta, cuna de la novela Zorba el griego, de Nikos Kazantzakis (1883-1957), estrenada en 1965 un canto a la vida y a la libertad, sin soslayar la tragedia, que en su versión cinematográfica interpretó Anthony Quinn, mexicano él. Theodorakis puso la música del sirtaki. Hay un video al que se puede acceder en el enlace https://www.youtube.com/watch?v=r4oJmSOrz60

Nikos Kazantzakis, autor de la novela estuvo a punto de recibir el premio Nobel. Cretense de nacimiento murió en Friburgo (Alemania). Enterrado en Heraklion, su epitafio dice Δεν ελπίζω τίποτα, δε φοβούμαι τίποτα, είμαι λέφτερος) “No espero nada, no temo nada, soy libre”. El prólogo de la novela escrito por el propio autor, Kazantzakis, es una lección de vida, de introspección, de reconocimiento de la lucha humana entre la razón y la realización del deseo vital.  Unas palabras de ese prólogo lo ponen de manifiesto …”él (Zorba) tenía la ingenuidad creadora, renovada cada mañana… un corazón fresco capaz de burlarse de su propia alma y, la risa sonora y salvaje que brota redentora del viejo pecho de Zorba en los momentos críticos; y cuando brotaba podía derribar todos los muros —  moral, religión, patria —  que el hombre pacato ha levantado en su torno para andar despacio y con seguridad a lo largo de su vida”.  

Y vuelvo a Theodorakis, es que cuando me sumerjo en Grecia me voy por otros cerros que no son los de Úbeda. En un concierto en Munich, en el año 1995 (el enlace se indica más arriba), la pieza final fue el sirtaki y allí estaba Anthony Quinn, ya con 80 años, bailándolo. Él y el compositor, con algunos años menos, se fundieron en abrazos ante los aplausos de un público multitudinario.

Fue toda su vida un luchador incansable contra el nazismo, el fascismo y las injusticias. Y las sufrió en sus propias carnes. Sufrió también el desencanto de la política, como es normal en toda persona que la vive desde la acción y la esperanza de mejora para los ciudadanos, especialmente para los más desprotegidos. Y tuvo sus debilidades partidistas, en alguna etapa de su vida. Hay una gran frustración cuando se persigue y se cree en la posibilidad de una justicia social sin ambigüedades. Pero esa justicia social está sometida a multitud de intereses que la lastran. Y cierto que también los ciudadanos de a pie participamos, sea por la manipulación, siempre presente en múltiples formas de la que es difícil escapar, sea por egoísmo y las más de las veces por desconfianza hacia quienes acceden al mando.

Se ha ido, no es una desgracia la muerte de una persona con 96 años. Hacía tiempo que estaba alejado del espectáculo. En 2010 participó en las protestas contra las medidas de austeridad impuestas por el gobierno ante la grave crisis y la deuda externa. Y, algo que puede parecer ingenuidad unida a la esperanza, se dedicó con ahínco a la mejora de las relaciones entre Grecia y Turquía y organizó conciertos en diferentes ciudades turcas. 

Me viene a la memoria un verso del poema Alma Ausente, de Lorca, que el poeta compuso a la muerte de un amigo y que Ana Belén canta en su doble CD Lorquiana

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace
Un andaluz tan claro, tan rico de aventura
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
Y recuerdo una brisa triste por los olivos

Theodorakis nos ha dejado, pero tal como dice otra poeta, Rosalía de Castro,

Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.

Y en el mismo poema Era apacible el día también dice

No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad
.

Y ciertamente hay mucha inmensidad que permanece en la obra de hombres y mujeres y que nos es permitido gozar como el mejor legado. Es alentador que así sea.