MATARON AL POETA, NOS MATARON A TODOS

Se cumplen noventa años. Quedarán seguramente descendientes de quienes dispararon y de quienes dieron la orden. ¿Qué sentirán o pensarán al ver lo que significa García Lorca la literatura, la poesía, el teatro? Estudiado en todo el mundo y junto al estudio de su obra el de su asesinato, pues no se puede llamar de otra manera. Estaría bien que alguno de esos descendientes opinara sobre aquello. Lo han hecho algunos familiares de nazis repudiando lo que sus padres u otros allegados habían hecho.

Morir luchando en una guerra parece lo normal, aunque posiblemente no siempre se haga por convicción. Pero, ¡apuntar y disparar a personas apoyadas contra una pared! Y no son quienes disparan los principales culpables, antes los que lo ordenan estampando su firma en una hoja de papel. Firma que destrozará a una persona, una familia, unos amigos. Quienes disparan obedecen órdenes, esa es la excusa para tantas infamias. En muchos casos se utiliza para descargarse la culpa.

Fueron muchos, muchísimos los ejecutados a lo largo de la historia y sigue siendo el pan de cada día en muchos países.

Junto a Lorca fueron fusilados otros condenados, antes y después. Sus familiares sufrirían el mismo dolor y el mismo miedo. Pero es justo reivindicar la memoria de Lorca por su legado literario que ha sido y sigue siendo motivo, y lo será siempre, de admiración y de ese sentimiento pleno que te embarga al leer sus poesías y el conjunto de sus obras.

Quienes le mataron sabían de su trabajo y de la admiración que había conseguido también a nivel mundial. Pero la “decencia” impuesta, la pusilanimidad, la hipocresía no podía perdonar su homosexualidad, su espíritu social, su relación con intelectuales y pensadores, Dalí, Buñuel, Falla, entre otros, ideas progresistas y no convencionales.

Quisieron ayudarle, incluso personas adictas al régimen que se acabaría imponiendo, los Rosales, pero no hubo nada que hacer. Él mantendría la esperanza hasta el último momento, incluso cuando lo sacaron con los otros compañeros para llevarlos al paredón de la muerte. Qué puede pensar una persona, joven en su caso, tenía 38 años, cuando sabe que es conducido a la muerte.

Quienes perpetraron esa barbaridad no pudieron destruir su legado, del que disfrutamos, pero sí lo que todavía le quedaba por ofrecer a una mente vital, abierta, observadora y con su capacidad para transmitir la belleza de la vida y el amor.

Sus poemas, sus obras de teatro, Yerma una joya literaria, en la romería una mujer deseando ser madre y que no lo consigue y suena la canción-poema, “si tu vienes a la romería, a pedir que tu vientre se abra, no te pongas un velo de luto sino dulce camisa de Holanda. Vete sola detrás de los muros, donde están las higueras cerradas y soporta mi cuerpo de tierra hasta el blando gemido del alba.”

Federico, para siempre entre nosotros, con nosotros.

Mi corazón, como una sierpe,

Se ha desprendido de su piel,

Y aquí la miro entre mis dedos

Llena de heridas y de miel.