Decencia, ética, honestidad, honradez… palabras que se han quedado huecas en muchas bocas que las pronuncian.
¡Qué repugnancia de políticos! todos aquellos, de cualquier signo, que lo único que desean y a lo que dedican todas sus fuerzas es a obtener el poder, sin importarles en absoluto lo que tendría que ser su objetivo, el bienestar del pueblo en todos los sentidos.
Pienso en el poema de Machado: españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Españas, ha de helarte el corazón.
No parecen entender que un opositor es un rival no un enemigo. Los insultos, el descrédito, la calumnia como norma es mucho más que mala educación es ir por los peores derroteros para alcanzar sus metas. Y tampoco escapan de ello los jueces, por suerte, unos pocos pues la gran mayoría permanecen en la discreción de su trabajo. Verdad que los jueces son personas y tienen derecho a sus opiniones e ideología, pero no en la ejecución de su trabajo. Es una función que tiene sus reglas y la forma de proceder. Pero claro, siempre está la interpretación. Me da risa cuando se habla de jueces conservadores y progresistas. Son adjetivos que no les corresponden.

Como ciudadanos estaremos más de acuerdo con unas sentencias que con otras, cuando se trata de las que llegan al público por delitos deleznables como violación, ya sea en grupo o solitario, crímenes machistas, asesinato de niños para hacer el mayor daño posible a la madre. Pero nuestra opinión no alterará la sentencia y lo sabemos. Sin embargo, lo que estamos viendo estos días de algunos jueces no tiene nombre, ni ética ni honradez, ni nada que se le parezca, solo buscan ensañarse en virtud de una ideología y una tendencia política. Para esos jueces la balanza ya tiene su contrapeso.
A los ciudadanos se nos manipula continuamente y contra la manipulación hay que mantener y aumentar la capacidad de criterio, la duda, la reflexión. Y produce escalofríos ver y saber cada día de más muertes a civiles en Gaza y Cisjordania, por bombas, por disparos directos, niños agitando cacerolas para obtener algo de comida y caen allí mismo por los disparos de los soldados. No son ellos los principales culpables, lo son quienes ante una mesa de despacho y con un mapa en la pared señalan los lugares, poblaciones a destruir. Pero tampoco están exentos de culpa, los soldados que, aunque se les ordena obediencia, tienen ojos, sentimientos, pensamientos. De qué forma se les ha manipulado para que sean el brazo ejecutor de esas atrocidades.

Pero Israel, mejor dicho, Netanyahu y sus secuaces, según parece, quiere construir el gran Israel sin importarles la muerte y el sufrimiento de tantos, la destrucción no solo de sus vecinos palestinos sino de otros. Somos títeres, nos mueven con sus hilos y no nos enteramos no ya de la misa la mitad sino de nada de nada. Tienen objetivos más allá de lo que explican públicamente, pero nuestra ignorancia contribuye a que los logren. Y ellos mismos alimentan nuestra ignorancia, disfrazando sus fines. Y es lo que tenemos delante, Ucrania, Gaza, pero en la memoria de Médicos sin Fronteras de 2024 aparece el mapa de los diferentes y numerosos conflictos en que participa esa y otras ONG’s. Y posiblemente no estén todos.

Y lo que para tantos es un negocio, no nos cansaremos de repetirlo, venta de armas y equipamiento militar, pagos a soldados y mercenarios, reconstrucción de lo destruido, para otros es muerte, sufrimiento, tristeza, hambruna, desesperación. Si cada uno de nosotros fuera capaz de ponerse en la piel de alguno de ellos. Terrorismo, claro hay que combatirlo, pero también pensar si además de los ataques hay otras formas de hacerlo. Educación, bienestar para las poblaciones donde se engendra el terrorismo, capacidad de criterio para discernir lo que está bien y no, quienes son los culpables, qué se pretende de ellos.

Y no valerse de la fe, de la religión, cualquiera que sea, para manipular prometiendo una eternidad feliz. Que cada uno libremente escoja la fe que quiere seguir. Pero, hay que insistir LIBREMENTE, y sin perjuicio para el otro.
¿Utopía, de quién depende que sea realidad?