AL ABRIGO DE LA (DES)ESPERANZA

Cuando yo era pequeña se empleaba la expresión “cómo está el mundo Facundo”, no sé lo que se diría hoy, pero desde luego no esa frase inocente, aunque tampoco aquellos fueron tiempos dulces ni mucho menos.

Caminando por diferentes lugares de la ciudad veo los bártulos recogidos de la gente que duerme en la calle, en portales, los sin techo. Si es temprano todavía están acostados y pienso no en cómo han llegado a esa situación, sino en por qué no se les da una solución. Y las hay de muchas maneras, pisos, locales compartidos con el acompañamiento necesario para una convivencia adecuada. Cama, cobijo, ducha, donde también puedan tener a sus perros. Cuesta dinero, claro, todo cuesta dinero hoy, pero es una necesidad básica que ayuntamientos y gobiernos tienen que cubrir. Hay asociaciones que colaboran como la Fundación Arrels, que, entre otras cosas, acompañan y orientan a esas personas para que consigan la mayor autonomía posible. La Iglesia de Santa Ana, que acoge y alimenta a un buen número de personas sin hogar. Son dos ejemplos, Y seguro que hay más.

Hay gente desempleada que con un poco de ayuda económica colaboraría, estudiantes de psicología, de sociología que podrían practicar acompañando a esas personas en una adaptación que les hiciera más llevadera la vida y la situación a la que se han visto abocados. También el voluntariado supone una buena ayuda y con beneficio mutuo.

Creo que cualquier ayuntamiento, cualquier gobierno tendría que sentir una enorme vergüenza sabiendo y permitiendo que ciudadanos, de aquí y de allá se encuentren en esas condiciones, sea cual sea el motivo por el que han llegado a ese malvivir.