Esto va a sonar a políticamente incorrecto, una práctica que, con o sin perdón, encuentro por
decirlo suavemente, un absurdo. Pero lo que quiero aquí calificar de hipocresía es la que se ha
montado con el rescate de Ryan, el niño marroquí que finalmente no ha sobrevivido.
Claro que había que intentar rescatar al pequeño y ojalá se hubiera podido hacer más
fácilmente y estuviera vivo, con ganas de jugar mientras es pequeño y llevar una existencia
satisfactoria o al menos normal. Pero ¿alguien ha pensado en cuántos Ryan han muerto
ahogados en nuestro mar y en otros? Y han sido solamente un número más, quizá alguna
fotografía colectiva. Cuántos medios de comunicación se han ocupado de esos otros Ryan,
cuántos centenares de personas se han agrupado en las playas para recibir sus pequeños
cuerpos.
Y la tragedia de este Ryan y la solidaridad suscitada ha pasado en Marruecos, qué ironía, país
desde donde salen a diario niños como ese, de menos y más de 5 años sin que a las
autoridades les importe lo más mínimo y los medios no puedan o no quieran dar cuenta.
Sabiendo de antemano la tragedia que van a vivir, aunque consigan esquivar la muerte. El rey
de ese país ha enviado sus condolencias a la familia, eso más que ironía es sarcasmo, una
burla. Un país rico, con recursos de los que disfrutan unos cuantos, bastantes a los que la
situación que viven sus compatriotas no la consideran asunto suyo. Todo el mundo tiene
derecho a cumplir el deseo de mejorar, pero no hay que confundir con la necesidad de
sobrevivir. Las necesidades básicas tienen que estar cubiertas y cubrir esas necesidades atañe
a todos los gobiernos, TODOS, DE CUALQUIER PAÍS.