¿Cuántas veces se ha roto el mundo? Pero sigue caminando, no sabemos hasta cuándo. Porque una cosa es lo que se podría decir extinción natural, como la ha habido a lo largo de la historia, y que ahora es ayudada por la actividad humana. Pero otra cosa es la agonía de la vida por las sacrosantas ambiciones delirantes de unos pocos, en comparación con la abundancia de habitantes del mundo. Dinero, dominio, poder, imposición de las propias ideas, esos y otros conceptos son los que gobiernan el mundo. Quizá siempre ha sido así, pero hoy con la inmediatez y expansión de los medios, la información es rápida, se sabe lo que pasa en cualquier parte del mundo, siempre que interese a los que dirigen esos medios.

En la historia de la humanidad podemos encontrar multitud de acontecimientos que provocaron grandes matanzas, hambrunas y sufrimiento. El colonialismo tuvo mucho que ver, con el militarismo y la figura de dictadores que no dudaron en ejercer la crueldad en todas sus formas, torturas, violación, asesinato. Y no obviemos la pasividad, la implicación, recordemos a Kissinger, la tolerancia disimulada de los “civilizados” países occidentales que hacían la vista gorda porque convenía a sus intereses.  El recuerdo no es para impulsar la venganza, pero no se puede olvidar.  

Gran parte de esos acontecimientos estuvieron en manos de dictadores, aunque no siempre lo fueran desde el principio.  Pero se agarraron a él para lo cual no les importó liquidar a una gran parte de sus ciudadanos que no comulgaban con sus ideas o a quienes consideraban un potencial peligro. La colonización, las invasiones, las guerras mundiales y las regionales, el fascismo y el comunismo costaron la vida a millones de personas. Personas que hoy siguen padeciendo lo mismo que entonces con la enorme cantidad de conflictos diseminados a lo largo y ancho del planeta. Y ¿es que no se puede hacer nada contra los responsables de semejantes atrocidades? También el capitalismo salvaje, a veces claramente, a veces con sutileza contribuye a expandir el drama humano.

Dramáticos ejemplos anteriores tienen nombre, entre otros, Hitler, Franco, Stalin, Duvalier, Batista, Castro, Mao, Pol Pot, Pinochet, Somoza, Videla, Amin Dada, Leopoldo II, Milosevic. ¿No cabría ahora añadir Putin, Netanyahu y a quienes les apoyan?

África, Asia, India, América Latina, entre otros, fueron los principales territorios víctimas de esas tragedias provocadas. Pero también Europa en los últimos tiempos ha conocido esos episodios, las llamadas guerras yugoslavas a partir de 1991 con Serbia, Bosnia Herzegovina, Croacia. Y actualmente Ucrania, Palestina…

Somos muchos los que nos preguntamos, cómo puede haber tanta maldad por parte de unos, tanta ignorancia y/o indiferencia por parte de otros, y tantísima impotencia por parte de muchísimos.

¿Qué hay en la mente de quien condena a morir de hambre? ¿A tanto puede llegar el odio? Se mata de hambre, una muerte lenta, se mata con disparos, con bombas, destruyendo la vida y sus cobijos. Exponen sus razones, pero la principal es que se saben impunes y de eso tiene mucha culpa el poder político, la economía, los grandes lobbys, y nosotros encima sentimos la impotencia culpable de no hacer nada. Pero es que no hay ninguna ley que obligue a ser bueno, decente, honrado, honesto. Qué hermosas palabras que cada vez pierden más el sentido.

            ¡Que haya un futuro esperanzador!